Independencia de México: ¿Por qué se celebra los días 15 y 16 de septiembre?

En la madrugada del 16 de septiembre del 1810, se registró el “Grito de Independencia”, atribuido al cura Miguel Hidalgo y Costilla en la población de Dolores, ubicada en la intendencia de Guanajuato, hoy Dolores Hidalgo. Este momento de heroísmo es especialmente venerado por los mexicanos los días 15 y 16 de septiembre, cuando con fervor conmemoran los eventos de 1810 en los cuales los nativos y criollos se levantaron en armas para liberarse, después de más de tres siglos de dominación del Imperio Español.

El Teatro en México (1953). Mosaico de Diego Rivera. Detalle en el que aparecen retratos de personajes de la Historia de México. En concreto: Benito JuárezMiguel Hidalgo y José María Morelos y PavónMural de teselas de vidrio, en la fachada del Teatro de los Insurgentes de Ciudad de México. Leer más: https://ibero.enciclo.es/articulo/historia-de-mexico © MiEnciclo, 2023

Entre finales del siglo XVIII y principios del XIX, los habitantes de lo que se conocía como el Virreinato de Nueva España, abarcando desde lo que hoy es Costa Rica hasta la actual frontera entre Estados Unidos y Canadá (aunque no abarcando todo el territorio), se impregnaron de las ideas de la Ilustración europea, que promulgaban la libertad, la igualdad y los derechos individuales. Esto llevó a los intelectuales criollos, varios años antes del simbólico Grito de Dolores, a cuestionar el sistema colonial y solicitar reformas a la Corona española.

Con esto como trasfondo, en la primera década del siglo XIX, en la ciudad de Querétaro, comenzó un movimiento conspirativo y clandestino destinado a concebir nuevas formas de gobierno y finalmente liberarse de la larga opresión colonial bajo el reinado de Fernando VII de España.

CONDICIONES PROPICIAS

Los procesos de independencia son complejos y rara vez son inmediatos. En el caso de México, la cuarta nación americana en lograr la independencia, esta no se consumó hasta después de más de una década, en la que se sucedieron numerosos acontecimientos de igual o mayor relevancia que el 28 de septiembre de 1821, fecha en la cual Agustín de Iturbide firmó el Acta de Independencia del Imperio Mexicano.

A fines del siglo XVIII, el Imperio español abarcaba más de 20 millones de kilómetros cuadrados y desempeñaba un papel central en el escenario geopolítico europeo, con el comercio de productos de América y Asia como pilar fundamental de su prosperidad. Sin embargo, en 1808, Napoleón Bonaparte, en su ambición por unificar Europa bajo su dominio, invadió España y colocó a su hermano José I Bonaparte en el trono, relegando a Fernando VII a Bayona como prisionero.

Fue en este contexto que el Imperio español comenzó a perder territorios y, con ello, a debilitarse; de hecho, la mayoría de las colonias españolas obtuvieron su independencia durante el siglo XIX. Esto, junto al deseo de emancipación de los mexicanos que habían esperado durante años este momento, llevó a la Nueva España a alcanzar un punto crítico que finalmente estalló el 16 de septiembre de 1810.

EL 16 DE SEPTIEMBRE DE 1810 EN MÉXICO

El sacerdote Miguel Hidalgo y Costilla, posteriormente conocido como el Padre de la Patria, había estado involucrado en las conversaciones clandestinas de Querétaro desde 1809, junto a otros destacados personajes heroicos que también ocuparían un lugar especial en la memoria mexicana: «La Corregidora» Doña Josefa Ortiz de Domínguez, su esposo Miguel Domínguez, Ignacio Allende, Juan Aldama, los hermanos Epigmenio y Emeterio González, entre otros. En estas reuniones, reclutaron seguidores y acumularon armamento para preparar una insurrección.

En la madrugada del 16 de septiembre de 1810, las aspiraciones parecieron estar al alcance, cuando Hidalgo, al enterarse de la conciencia del Gobierno Virreinal acerca de las conspiraciones en su contra, tocó la campana de Dolores y pronunció el famoso Grito de Independencia. En este discurso, expresó su «vivas» a la Virgen de Guadalupe, a la Iglesia católica, a la independencia y a América, mientras que condenó al «mal gobierno», las injusticias y los «gachupines» (españoles nacidos en España), según la versión del discurso respaldada por el Gobierno de México.

A partir de este punto, comenzó en Dolores el levantamiento armado en busca de la independencia de México, y rápidamente la revolución se extendió a otras regiones del país. Líderes como José María Morelos, quien luego conquistaría la mayor parte del sur y centro de México, y Juan Aldama, quien participó en las batallas de Guanajuato y Monte de las Cruces, así como en la derrota de Puente de Calderón en 1811, desempeñaron papeles cruciales en esta lucha. El sacerdote Hidalgo fue juzgado y fusilado en el transcurso de estos eventos.

Dos años después, bajo el liderazgo de Morelos, se llevó a cabo uno de los acontecimientos más significativos del proceso: el Congreso de Chilpancingo en 1813, en el cual se redactó la primera Constitución del país, conocida como la Constitución de Apatzingán. Esta carta magna estableció la separación de poderes en legislativo, ejecutivo y judicial, así como la educación obligatoria y gratuita, y otorgó el derecho de voto a todos los hombres mexicanos. Sin embargo, esta manifestación de emancipación no tardó en cobrar un precio, ya que Morelos enfrentaría el mismo destino que su compañero de lucha, Miguel Hidalgo, cuando fue ejecutado el 22 de diciembre de 1815.

A lo largo del proceso de independencia, hubo correspondencia regular entre los líderes de las tropas mexicanas y los del ejército español, también conocido como ejército realista. Fue en este contexto que surgió la figura de Agustín de Iturbide, un líder militar realista que se unió a la causa mexicana tras establecer contacto con Vicente Guerrero, uno de los líderes insurgentes. Iturbide propuso mantener la constitución, los privilegios de la iglesia y el ejército, y convocar a un congreso con representantes de todas las provincias, condiciones que fueron aceptadas por los grupos que buscaban la independencia. Así, en 1821 se redactó el Plan de Iguala, que dio lugar al Ejército Trigarante, al cual se unieron otros líderes insurgentes para garantizar la realización de los tres pilares del documento: Religión, Independencia y Unión.

Finalmente, con la entrada triunfal del Ejército Trigarante en la Ciudad de México el 27 de septiembre de 1821 y la firma al día siguiente del primer Acta de Independencia del Imperio Mexicano, el país logró lo que había anhelado durante décadas: su independencia del Imperio español.

CELEBRACIÓN EN MÉXICO Y EL MUNDO

En 1825, el primer presidente de México, Guadalupe Victoria, oficializó el 16 de septiembre como día de fiesta nacional en honor a los personajes que iniciaron la lucha por la independencia del país. Más tarde, en 1896, el presidente y dictador Porfirio Díaz ordenó el traslado de la campana de Dolores desde Guanajuato hasta el Palacio Nacional en la Ciudad de México, para poder tocarla personalmente durante la festividad.

De este modo, se forjó una tradición que ha perdurado hasta nuestros días. La noche del 15 al 16 de septiembre, figuras del Gobierno portan la bandera nacional mientras pronuncian un Grito de Dolores actualizado. A continuación, hacen sonar la campana y entonan el Himno Nacional Mexicano, marcando el comienzo de una festividad popular y multitudinaria que no solo se celebra en todo el territorio del país, sino también en todo el mundo.

La independencia de México

La independencia de México, al igual que la de las restantes colonias españolas en América, obedece al desarrollo histórico del Imperio español y sus dependencias, y es el resultado de un proceso universal que afecta indefectiblemente, aun cuando en forma y tiempo diversos, a las potencias colonizadoras.

Si en los años que van de 1808 a 1821 tiene lugar el movimiento emancipador y es en ellos cuando se inicia y culmina, rompiendo un sistema político, social y económico y formas de vida muy características, sus orígenes son muy remotos. Se encuentran a lo largo del acontecer histórico mexicano desde la época de la conquista, que instauró una organización y creó unas estructuras muy ajenas a las existentes en el mundo precolombino.

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El sustrato revolucionario de la independencia de México

Territorios de Nueva España

Columna de la Independencia, en México, según un proyecto del arquitecto A. Rivas Mercado. El monumento fue inaugurado en 1910, año de la celebración del centenario, y en su base, entre escenas alegóricas, figuran los principales héroes de la independencia.

El plan de Iguala: un proyecto político destinado al éxito

Retrato de Juan O’Donojú, el último virrey de México. Este militar colonial español comprendió que una campaña militar contra los mexicanos sería muy costosa, por lo que prefirió pactar con Iturbide.

El Teatro en México, Mosaico de Diego Rivera hecho con teselas de vidrio. Detalle con retratos de personajes de la historia mexicana: Benito Juárez, Morelos y el padre Hidalgo. Los monumentos y lápidas conmemorativas de la Independencia y de sus héroes son muy abundantes en México, así como en toda Sudamérica.

De la sublevación de Agustín de Iturbide al primer Imperio: el fracaso de las soluciones españolas

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