Tal día como hoy de 1836, nació Gustavo Adolfo Bécquer, poeta y cuentista español del Romanticismo.

A finales del mes de julio de 1871, ven la luz los dos tomos de las Obras de Gustavo Adolfo Bécquer, precedidas por un prólogo de su gran valedor y amigo, Ramón Rodríguez Correa. Este será el comienzo de la leyenda del poeta romántico que ha llegado hasta nuestros días, pero también de su realidad como iniciador de nuestra mejor poesía contemporánea.

Gustavo Adolfo Bécquer en su lecho de muerte (1870-1871), Vicente Palmaroli. Museo Romántico, Madrid.

Gustavo Adolfo Bécquer en su lecho de muerte (1870-1871), Vicente Palmaroli. Museo Romántico, Madrid.

Bécquer ha sido y es presentado todavía como un hombre de vida desdichada y como la encarnación del poeta romántico español muerto joven y desconocido. Todos sus escritos dan muestra de un universo personal dividido entre el sueño y la razón, la mujer ideal y la mujer carnal, la idea y la palabra, la aristocracia y el pueblo, el sentimiento y la inteligencia…

Bécquer supuso, en definitiva, para la prosa y la poesía españolas un giro similar al de Garcilaso de la Vega en su tiempo. Ninguna generación posterior de escritores ha ignorado su fascinación y sus sugerencias.

Gustavo Adolfo Bécquer

Gustavo Adolfo Bécquer. Retrato obra de su hermano, Valeriano Bécquer (1862).
Nacimiento 17 de febrero de 1836
Sevilla
Bandera de España España
Defunción 22 de diciembre de 1870
Madrid
Bandera de España España
Ocupación Escritor y periodista
Período Siglo XIX
Género Poesía y narrativa.
Movimientos Romanticismo

Con premonitorias palabras sobre la fugacidad y fragilidad de la vida, Bécquer parece anunciar cuál será su final:

«Lloro por mí. Lloro la vida que me huye (…) ¿Y por qué no has de vivir? (…) Porque es imposible. Cuando caigan secas esas hojas que murmuran armoniosas sobre nuestras cabezas, yo moriré también y el viento llevará algún día su polvo y el mío, ¿quién sabe adónde? (…) ¡Debíamos secarnos! ¡Debíamos morir y girar arrastradas por los remolinos del viento!»

(«Las hojas secas», Almanaque Literario de la Biblioteca de Gaspar Roig, 1871)

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Las lágrimas son agua y van al mar.
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