La madrugada del 9 de septiembre de 1976 se produjo el fallecimiento en Pekín de Mao Zedong, acontecimiento que clausuró casi tres décadas de liderazgo absoluto en la República Popular China y allanó el camino hacia las reformas socioeconómicas de finales del siglo XX.
Instauró la denominada Nueva China tras la victoria militar del Ejército Popular de Liberación frente a los nacionalistas del Kuomintang. Su muerte desató una inmediata pugna por el poder que culminó con el arresto de la Banda de los Cuatro y la posterior consolidación de Deng Xiaoping, artífice del proceso de reforma y apertura en la década de 1980.
A medio siglo de su deceso, su figura suscita un notable interés sociológico en las nuevas generaciones urbanas y académicas chinas. Distanciados temporalmente de las turbulencias de su mandato, diversos sectores juveniles acuden a sus ensayos teóricos para articular respuestas ante la creciente incertidumbre laboral, la desaceleración del crecimiento y las desigualdades estructurales del mercado contemporáneo.
Balance historiográfico del mandato

La valoración histórica del mandato de Mao se encuentra condicionada por la divergencia entre su papel como unificador nacional y los costes humanos de sus principales campañas:
- Fundación y soberanía nacional: Supuso la salida de décadas de guerras civiles e invasión extranjera, estableciendo un Estado centralizado y extendiendo coberturas básicas en alfabetización y sanidad rural.
- El Gran Salto Adelante (1958-1962): Programa masivo de colectivización forzosa e industrialización acelerada que colapsó la producción agrícola y desencadenó una hambruna con estimaciones de entre 30 y 45 millones de víctimas.
- La Revolución Cultural (1966-1976): Campaña de movilización ideológica y purgas políticas internas que dejó cerca de dos millones de fallecidos, decenas de millones de represaliados y una severa destrucción del patrimonio material e inmaterial del país.

Canonización ideológica y continuidad estatal
El tratamiento oficial de su figura quedó consolidado en 1981 mediante la resolución del Comité Central del Partido Comunista de China sobre la historia del partido, la cual dictaminó formalmente que sus méritos históricos superaban ampliamente a sus errores. Este consenso pragmático permitió al Estado transformar su estructura productiva hacia una economía de mercado global sin desmantelar la base jurídica y simbólica del régimen.
En el marco conmemorativo del cincuentenario, la administración de Xi Jinping ha integrado el legado de Mao en una narrativa evolutiva tripartita: la etapa de emancipación y soberanía bajo Mao, la modernización material con Deng Xiaoping y la consolidación como potencia hegemónica multilateral en la era actual.
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